Oleo/ Tela. 26 x 37 cm
Firmado en el extremo inferior derecho: “Rosales”. Número de inventario 2.93- 618. Museo de Bellas Artes de la Habana.

En la obra de Manuel Crespo: “Un siglo de pintura española en el Museo Nacional de Cuba, pinturas españolas y cubanas en el siglo XIX”.Gráficas Varona. Salamanca 1999 escribe:

“Los primeros cambios sustanciales en el panorama nacional se aprecian en tres pintores que viajaron juntos a Roma en 1857, la llamada Trinidad, integrada por Vicente Palmaroli, Eduardo Rosales y Luis Álvarez. Estos pintores, formados en el purismo romántico madrileño, evolucionarán a principios de los años sesenta hacia una tendencia realista, si bien Palmaroli y Luis Álvarez quedarán un poco atrapados por las exigencias de la moda y el mercado. Del primero de ellos el Museo de La Habana posee dos buenos retratos, género en el que sobresalió notablemente. Del segundo conserva una escena de salón relativa a la vida de las altas dignidades clericales, tema al uso, en la que hace un alarde de color y detallismo. Pero en realidad fue Eduardo Rosales quien logró una mayor libertad formal dentro de los primeros realistas españoles. Rosales, el más talentoso del grupo conocido como la Trinidad, logró como ninguno de ellos dar vitalidad a los personajes de sus escenas y credibilidad a sus ambientes. Su manera de lograr la sensación de atmósfera y realidad con una técnica sintética y se verá, incorpora la mejor tradición nacional. La mayor parte de la producción de Rosales-interrumpida por su prematura muerte a los 36 años-corresponde a la pintura de historia, género programado celosamente por la Academia, lo que dificultaba algunos artistas expresarse con toda la libertad. Sin embargo en los géneros más agradecidos del retrato y el paisaje, el pintor desplegó abiertamente su audacia. En el Museo de La Habana se conserva un pequeño paisaje que representa un atardecer en Roma, en el que se aprecia la técnica asombrosamente suelta y efectiva desarrollada por el artista. Por semejanzas con otras evidentemente contemporáneas, la pieza debe formar parte de un grupo de paisajes y tipos locales realizados en tierra italiana alrededor del año 1864, cuando el pintor crea su obra maestra Doña Isabella Católica, que para los estudiosos marca un cambio en la pintura española del momento”. (Pág. 22. Ilustración pág. 31).

Luis Rubio Gil